viernes, 15 de enero de 2016

Razones para no soñar



Intenté comprender la ausencia e inventé todas las razones posibles. Largos diálogos que acabaron en un intento de olvido.  Al principio no era mi intención, yo solo buscaba las razones pero ellas me encontraron antes. Me negué  a escucharlas y cuando quise librarme de ellas se me aparecieron en sueños. 

Empezaron a desfilar en cada una de mis noches. La primera en  visitar mi inconsciente fue la cobardía. Me miraba fijamente a la cara pero no tenía rostro. Hablaba mucho pero sus palabras eran difusas. Nuestra conversación no duró demasiado. En cuanto le hice la primera pregunta desapareció y ya nunca nos volveríamos a ver.

A la noche siguiente apareció el engaño, pero no tenía forma de mujer. Tenía el aspecto de una persona que ya no conocía. 

Tampoco el miedo faltó a su cita. Su fuerza era descomunal y se inventaba cualquier motivo para no actuar. Intenté convencerle de que no existía, de que sólo era un reflejo de sí mismo pero se puso un poco violento.

La última en aparecer fue la excusa, que venía acompañada de muchas otras similares a ella y creía tener todas las respuestas.
Un día, de repente, apareció una que dijo no tener nombre y decidí llamarla sinrazón. Fue así como todo empezó de nuevo. Ya no había cobardes, engaños, miedos ni excusas y los sueños seguían intactos.

Fue el día en el que por fin desperté.







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lunes, 30 de noviembre de 2015

Esperanzas


Lo mejor de ti está en mi

Lo mejor de mí está en ti

Porque no somos más que espejos

Que olvidan que un día existieron

Sin importar a dónde miraban


Mirar-te, mirar-me, mirar-se

Encontrar-me, encontrar-te, encontrar-se

Por qué fijar siempre la atención en el pronombre y no en el verbo

Por qué la persona es más importante que la acción 

¿Por qué no nos accionamos de una vez por todas ?


El espejo escupe verdades en cadena,

Y crea mentiras refinadas

Para engañar a la mirada y a aquellos que lo miran

Valientes los que con el paso del tiempo

Logran re-conocerse entre tanto espejismo

                                                                       Caro Sanfer

miércoles, 29 de julio de 2015

El F(r)incipio de las cosas


La calma mueve

El grito calla

El olvido recuerda

La monotonía desajusta

Los cambios persisten

La realidad es magia

La ilusión es tangible

La soledad acompaña

El desequilibrio se normaliza

Lo normal me resulta extraño

La sencillez es compleja

La vida mata

La muerte despierta

Tú, yo

Yo, tú

Caro Sanfer

La Lucidez y los lugares comunes


La lucidez es un don y es un castigo. Está todo en la palabra: Lúcido viene de Lucifer, el Arcángel rebelde, el Demonio… Pero también se llama Lucifer el Lucero del Alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse… Lúcido viene de Lucifer y de Lucifer viene Lux, de Ferous, que quiere decir "el que tiene luz", "el que genera luz que permite la visión interior’" El bien y el mal, todo junto. La lucidez es dolor, y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría, será el placer de ser consciente de la propia lucidez.

"El silencio de la compresión del mero estar. En esto se van los años. En esto se fue la bella alegría animal". El lúcido puede seguir viviendo mientras conserve el instinto de la especie, el impulso vital. Es muy posible que con los años esa fuerza instintiva y oscura se pierda. Es necesario entonces apelar a algo parecido a la fe. Hay que inventarse un motivo, una meta que nos permita reemplazar el impulso animal que se ha perdido por una voluntad fríamente racional. Pero esa voluntad es un motor muy difícil de mantener. De repente y sin motivo, se va, se apaga, desaparece. Es entonces cuando se sigue o no se sigue, se puede o no se puede.
Y si no se puede, no hay culpa. No importa el amor de los otros, ni el amor que uno siente por ellos. Si uno no sigue, todo sigue sin uno y sigue igual. Todo pasa, la ausencia pasa. Se conoce a la muerte antes de morir: es un final antiguo, rutinario y común. Es un final deseado que se espera sin temor, porque uno lo ha vivido muchas veces. Todo da igual.

Guión de Lugares Comunes (c) Adolfo Aristarain y Kathy Saavedra, basado en la novela El renacimiento de Lorenzo F. Aristarain