La lucidez es un don y es un castigo. Está todo en la
palabra: Lúcido viene de Lucifer, el Arcángel rebelde, el Demonio… Pero también
se llama Lucifer el Lucero del Alba, la primera estrella, la más brillante, la
última en apagarse… Lúcido viene de Lucifer y de Lucifer viene Lux, de Ferous,
que quiere decir "el que tiene luz", "el que genera luz que permite la visión
interior’" El bien y el mal, todo junto. La lucidez es dolor, y el único placer
que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría, será
el placer de ser consciente de la propia lucidez.
"El silencio de la compresión del mero estar. En esto
se van los años. En esto se fue la bella alegría animal". El lúcido puede
seguir viviendo mientras conserve el instinto de la especie, el impulso vital.
Es muy posible que con los años esa fuerza instintiva y oscura se pierda. Es
necesario entonces apelar a algo parecido a la fe. Hay que inventarse un
motivo, una meta que nos permita reemplazar el impulso animal que se ha perdido
por una voluntad fríamente racional. Pero esa voluntad es un motor muy difícil
de mantener. De repente y sin motivo, se va, se apaga, desaparece. Es entonces
cuando se sigue o no se sigue, se puede o no se puede.
Y si no se puede, no hay culpa. No importa el amor de los otros, ni el amor que
uno siente por ellos. Si uno no sigue, todo sigue sin uno y sigue igual. Todo
pasa, la ausencia pasa. Se conoce a la muerte antes de morir: es un final
antiguo, rutinario y común. Es un final deseado que se espera sin temor, porque
uno lo ha vivido muchas veces. Todo da igual.
Guión de Lugares Comunes (c) Adolfo Aristarain y Kathy
Saavedra, basado en la novela El renacimiento de Lorenzo F. Aristarain