viernes, 15 de enero de 2016

Razones para no soñar



Intenté comprender la ausencia e inventé todas las razones posibles. Largos diálogos que acabaron en un intento de olvido.  Al principio no era mi intención, yo solo buscaba las razones pero ellas me encontraron antes. Me negué  a escucharlas y cuando quise librarme de ellas se me aparecieron en sueños. 

Empezaron a desfilar en cada una de mis noches. La primera en  visitar mi inconsciente fue la cobardía. Me miraba fijamente a la cara pero no tenía rostro. Hablaba mucho pero sus palabras eran difusas. Nuestra conversación no duró demasiado. En cuanto le hice la primera pregunta desapareció y ya nunca nos volveríamos a ver.

A la noche siguiente apareció el engaño, pero no tenía forma de mujer. Tenía el aspecto de una persona que ya no conocía. 

Tampoco el miedo faltó a su cita. Su fuerza era descomunal y se inventaba cualquier motivo para no actuar. Intenté convencerle de que no existía, de que sólo era un reflejo de sí mismo pero se puso un poco violento.

La última en aparecer fue la excusa, que venía acompañada de muchas otras similares a ella y creía tener todas las respuestas.
Un día, de repente, apareció una que dijo no tener nombre y decidí llamarla sinrazón. Fue así como todo empezó de nuevo. Ya no había cobardes, engaños, miedos ni excusas y los sueños seguían intactos.

Fue el día en el que por fin desperté.







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